A raíz del movimiento 15-M, decidí leerme “Indignaos” de Stéphane Hessel.
Para entender el libro, hay que entender un poco la historia de su autor: fue miembro de la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial, y debido también a su origen judío, capturado y torturado por la Gestapo, y recluso de los campos de concentración de Buchenwald y Dora-Mittelbau. Fue uno de los redactores de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948.
Mi opinión es que Hessel es un nostálgico. Sin un acontecimiento tan transcendental como la II Guerra Mundial, probablemente no habría esos Derechos Humanos por los que luchó y ahora trata de defender. Cuando la guerra acabó, el mundo estaba consternado y había que imponer unos valores de tolerancia, que fueron recogidos en los Derechos Humanos. Hessel reclama que ahora haya otra revolución parecida a aquella, y para que se dé la revolución la gente debe indignarse. Es obvio que los motivos no son tan evidentes, pero si estudiamos la situación económica mundial, veremos que aquél espíritu de cooperación de la posguerra, se ha perdido. Ahora todo es una guerra para hacer dinero como sea, ignorando los valores de cooperación.
Tal vez lo mejor del libro es que ha sido un factor más en el movimiento 15-M, movimiento de los indignaos: ha conseguido que la gente saliese en masa a la calle a reflexionar sobre la situación política. Esperemos que el espíritu crítico, las ganas, las ideas, no acaben en un pozo.
